JOAN TELLO

SER HUMANO, SER PRECARIO

Editorial: Ediciones La Tempestad (Barcelona)
Colección: Ficción, 27
Primera edición: diciembre 2008
Páginas: 112
ISBN: 978 - 84 - 7948 - 093 - 6


Ser humano, ser precario desnuda al ser humano y su circunstancia y nos adentra en situaciones y temas que afectan la convivencia y la dignidad humanas.
A través de 555 fragmentos dotados de punzante lucidez y también de bastante ironía, reflexionamos acerca de la degeneración social, del mal uso de la permisividad y de la tolerancia, de la crisis económica, política y educativa, de la inutilidad de la ley y de la razón, de la infatuación por la depredación y el dolor, del amor como vía de elevación y, en fin, de la muerte como límite que sitúa al ser humano en su verdadera posición: la precariedad, la transitoriedad, la futilidad. La existencia nos arroja a la acción debido a nuestras carencias. La vida únicamente puede aparecer y desplegarse en circunstancias inestables, incompletas y quebradizas. Pero, por otra parte, para poder soportarla y saborearla, el ser humano necesita tranquilidad, amabilidad y afecto.

El autor

Joan Tello (1974), licenciado en Filología Clásica (latín y griego) con premio extraordinario, decidió ampliar su visión cursando Estudios de Asia Oriental y Ciencias Políticas y Sociología. Su capacidad para ver más allá de la apariencia y su predilección por la desubicación le empujaron a hacer del exilio su más preciado nutriente. Ha vivido en Roma, Viena, India y China. Aprendió sánscrito y filosofía vedanta con maestros hindúes autóctonos. Y al regresar de China, sintetizó por escrito su experiencia de dos años universitaria, laboral y social en un penetrante y desgarrador libro, El país del medio, un variopinto microcosmos donde se describen familias, conductas y maneras de vivir, además de reflexionar acerca del pensamiento clásico, del medio ambiente y de la falsa religión del progreso. Este filólogo, escritor y viajero se dedica actualmente a la traducción y a la filosofía, y abre nuevos puentes con el mundo asiático.








PRÓLOG
O


Vivimos un momento muy delicado y muy crítico. La población de la Tierra está a punto de rebasar los límites tolerables de sostenibilidad, los recursos del planeta son cada vez más escasos pero, contrariamente, los deseos consumistas de sus habitantes parecen ser insaciablemente infinitos. Ante esta situación, el escenario inmediato es evidente: o bien detenemos nuestra depredación, o bien no habrá futuro para nadie. Nuestra obsesión por ser más y tener más únicamente conlleva la destrucción global e irreversible.

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¿Por qué el ser humano actúa de esta manera tan letal? ¿Acaso es malo por naturaleza? Hay un elemento del progreso que debería estudiarse con mucha más atención y ver si realmente tiene una relación directa con la conducta humana. Me refiero a la salubridad del aire. El desarrollo industrial ha provocado una degradación de la calidad del aire que respiramos. Nuestros órganos vitales más importantes —el cerebro, los pulmones y el corazón— y nuestro flujo vital —la sangre— necesitan constantemente la atmósfera para succionar su nutriente más preciado, el oxígeno. Mucho me temo que la intoxicación del aire ha contribuido a deteriorar nuestros cerebros y nuestros corazones.

Los pensamientos y las acciones que perpetran los seres humanos son cada vez más atroces y más repugnantes porque sus órganos vitales están cada día más contaminados y más corroídos. ¿Por qué en medio de la Naturaleza nos encontramos más fuertes y más sanos? Porque la calidad del aire es superior. El oxígeno que respiramos alimenta mejor nuestro cerebro y, en consecuencia, experimentamos un bienestar que se traduce en una mayor sensación de felicidad. En las ciudades masificadas, en cambio, el aire no nutre. Más bien pudre. Sin una buena respiración, el cuerpo no se ventila suficientemente bien y sobreviene el ahogo tanto físico como psíquico como espiritual.

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Este libro que el lector, si quiere, puede saborear es un compendio de exclamaciones impulsadas por la impotencia ante la degeneración y ante el desbarajuste. Se ha perdido el rumbo y nadie tiene el poder moral suficiente para guiar. Políticos e intelectuales de la pedagogía nos imponen su fanatismo por la religión de la tolerancia para criminalizar la protesta y el desacuerdo. Amordazados, se da la paradoja indigna de que tenemos que ser transigentes con las personas deshonestas, incívicas y violentas.

Los medios de desinformación nos avasallan continuamente con orgías financieras y corrupciones políticas. Los recursos se malgastan, los fondos públicos se desvían hacia fines personales y los países son gobernados por máscaras sin sustancia. Si miramos más de cerca la realidad cotidiana que afecta millones de ciudadanos y de ciudadanas —y que los burócratas de la estadística intentan por todos los medios silenciar, negar y borrar—, observamos hechos y conductas exasperantes que, sin duda, se ven alentadas por el ejemplo que transmiten las altas esferas. Me refiero al o a la sinvergüenza que atraca a un pobre comerciante o a un transeúnte a plena luz del día, del incívico o de la incívica que provoca alborotos dentro de un tren porque fuma, porque insulta o porque obliga a escuchar su música horrenda, del supuestamente tío o tía enrollada que monta fiestas dantescas en el piso de arriba o de los matrimonios que engendran criaturas sin preguntarse si verdaderamente están incapacitados para educarlas.

Nadie tiene el valor suficiente para ordenar y hacerse cargo de estas realidades que están a punto de dinamitar la convivencia en las familias, en las comunidades de vecinos, en las aulas, en las ciudades y en los países. Vivimos en un polvorín que está a punto de estallar. Demasiada gente demasiado intoxicada, sin interés por limpiar su interior que disfruta aumentando su estado de ruina y de decrepitud arrastrando consigo a las personas de su alrededor.

¿Qué hacer? ¿De qué manera se pueden frenar a los y a las que día a día pudren la convivencia y hunden nuestras ganas de vivir en el mundo? Con ellos y con ellas, las palabras parecen no servir de nada. La pedagogía, aún menos, pues se ríen de ella. La basura se extiende, se crece y se fortalece porque se ha acostumbrado a no tener límites, a campar a sus anchas amparándose en una lectura perversa e invertida de los derechos civiles y de las nociones de tolerancia y progreso. Así pues, ¿expandir la capacidad punitiva de los códigos legislativos y aplicar las penas correspondientes con coraje y sin atenuantes a todos los niveles es el único método eficaz y efectivo? Cuando una sociedad galopa sin freno hacia el abismo más profundo y se siente desesperada e impotente para reestructurarse, a menudo confía en el autoritarismo como la única vía posible y factible para su regeneración.

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La realidad es punzante y nada atrayente. Una sociedad tan compleja, tan poblada y tan variada es una situación inestable y problemática. Yo desearía que la vida tuviera por centro vital el pensamiento y el espíritu. Con un corazón sano, no hay crimen ni incivismo posibles. Pero ¿qué ocurre cuando millones y millones de personas viven fascinadas por la maldad y por arruinar la existencia saludable de los seres que todavía resisten la dictadura de la barbaridad?

Nos acechan tiempos terribles que nos plantean preguntas horripilantes. Hablar de estas preguntas es, por supuesto, políticamente muy incorrecto pero, mal pese a quien pese, tienen que ser planteadas. Nuestra existencia ha sido arrojada a un estado de emergencia global. Hemos de tomar decisiones muy incómodas y comprometernos, cueste lo que cueste, y hasta el final. Tenemos que replantearnos qué significa ser humano hoy en día y qué medidas debemos tomar para vivir en paz y con dignidad.
Barcelona, otoño de 2008.


NOTA.- El libro comprende 555 textos estructurados en cinco capítulos, cada uno con 111 fragmentos. Los capítulos y los fragmentos pueden leerse de manera independiente y al azar o bien siguiendo el orden descendente, de mayor (555) a menor (1). La ruta inversa, es decir, la ascendente también puede ser transitada. No hay capítulos estrictamente monotemáticos. Pero, a grandes rasgos, podemos decir que el capítulo quinto (555-445) reflexiona acerca de la circunstancia política y de la economía. El cuarto (444-334) ahonda en la crítica social y en las conductas. El tercero (333-223) se centra en la visión distópica del mundo. El segundo (222-112) plantea problemas de filosofía y se pregunta si el lenguaje y la razón están capacitados para entender la realidad. El primero (111-1), finalmente, es un ejercicio de fonambulismo entre el canto de la muerte y el canto de la vida. Cuando el lector o la lectora terminen de leer el libro, se encontrarán en el capítulo 0, llegada que se convierte en un nuevo punto de partida. Compete a ellos, pues, escribir la página siguiente.

ALGUNOS FRAGMENTOS PRECARIOS